Una Reflexión de peso: Una misión, una acción y una bendición


Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien.
Salmo 139.13–14


Antonio Stradivari fue un fabricante de violines del siglo diecisiete, cuyo nombre en su forma latina, Stradivarius, se ha convertido en sinónimo de excelencia. Él dijo una vez que hacer un violín que no alcanzara su más alto nivel sería perjudicar a Dios, quien no podría hacer los violines de Antonio Stradivari sin Antonio.

Tenía razón. Dios no podría hacer violines Stradivarius sin Antonio Stradivari. Este artesano recibió ciertos dones que ningún otro fabricante de violines poseía.

Del mismo modo, hay ciertas cosas que puedes hacer que ningún otro puede. Quizás sea la crianza de tus hijos, o la construcción de casas, o dar aliento al desanimado. Hay cosas que sólo tu puedes hacer, y que para hacerlas es que vives. 

En la gran orquesta que denominamos vida, tú tienes un instrumento y una canción, y tienes el deber ante Dios de ejecutar ambos de manera sublime.

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