Claves para Tener Un Corazón de Adorador. Una Relación de Dependencia. (5a. Parte)

 “…Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.” Salmos 100:3 (b)

El Salmo 23 es una oda a la dependencia. A la confianza. A la conexión. En esos 6 versículos con 117 palabras (según la versión de la Traducción en Lenguaje Actual) enuncian la realidad: Somos dependientes. Necesitamos Su cuidado. Su guía. Su amor. Su consuelo. Observe:

“Tú, Dios mío, eres mi pastor;
contigo nada me falta.
Me haces descansar en verdes pastos,
y para calmar mi sed
me llevas a tranquilas aguas.
Me das nuevas fuerzas
y me guías por el mejor camino,
porque así eres tú.

Puedo cruzar lugares peligrosos
y no tener miedo de nada,
porque tú eres mi pastor
y siempre estás a mi lado;
me guías por el buen camino
y me llenas de confianza.

Aunque se enojen mis enemigos,
tú me ofreces un banquete
y me llenas de felicidad;
¡me das un trato especial!

Estoy completamente seguro
de que tu bondad y tu amor
me acompañarán mientras yo viva,
y de que para siempre
viviré donde tú vives.” Salmos 23:1-6


La declaración inicial define la dependencia. Mi pastor. Él es nuestro dueño. Somos de su propiedad. En ocasiones pensamos lo contrario. Dios está a nuestra disposición. Hemos contratado a Dios para que se ocupe de nuestras dificultades, para que nos saque de la crisis, para que nos sane. Se ha convertido en el servidor No. 1 del hombre en tanto nos de todo lo que necesitamos y deseamos; si no lo hace, ha cometido una falta que necesita compensar o de lo contrario Dios perderá el “privilegio” de que lo sigamos. Convertimos a Dios a nuestro gusto, a nuestra semejanza, donde se debe ajustar a nuestra manera de vivir y debe estar atento a nuestros llamados.

Sin embargo, al recorrer la lectura del salmo nos damos cuenta de quién guía a quién:
…me haces descansar…
…me llevas a tranquilas aguas…
…Me das nuevas fuerzas…
…me guías por el mejor camino…
…Puedo cruzar lugares peligrosos… siempre estás a mi lado
…me guías por el buen camino…
…me llenas de confianza…
…me llenas de felicidad…

No hay peticiones. No hay deseos. No hay reclamos. Él sabe lo que necesitamos. Él sabe cuando lo necesitamos. Sabe cómo lo necesitamos. En esta vida  a mil por hora que llevamos donde las facturas se acumulan, las enfermedades proliferan, las necesidades apremian. Dios ha construido una historia para moldearnos a su imagen, para que lo conozcamos y no dudemos de su amor. Sin embargo no nos promete camino sin espinas, sin obstáculos, sin necesidades. Él promete que estará con nosotros y sacará el máximo provecho de cada circunstancia que vivamos para moldear nuestro carácter, fortalecer nuestra fe y que lo reconozcamos como Señor de nuestras vidas.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” Juan 16:33 RVR 1960

En este versículo no se encuentra la palabra dependencia pero sale a la superficie. Él venció, habrá aflicciones, nos pide confianza.

Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.” Génesis 50:20 RVR 1960

Nuevamente no aparece dependencia en este fragmento pero se observa como José se sujetó de Dios en los momentos más álgidos de su vida. Todo iba de mal en peor, pero no quitó sus ojos de que su Señor debía preservarlo; probablemente toda su vida debía ser esclavo, pero eso jamás lo separó de su Dios. La dependencia genera una conexión sincera y real que ante la decisión de José de mantenerse fiel, Él le abrió nuevas oportunidades. La decisión de José de confiar en Dios sin respuesta de su futuro, sin sueños que aclararán su final, sin profecías que ayudarán a ver la luz al final del túnel, de conducirse rectamente, trabajar con determinación, dar lo mejor de sí para agradar a sus dueños fue la declaración para que Dios hiciera algo en su vida.

Es por ello que el corazón del adorador debe ser 100% dependiente logrando una conexión absoluta con su Creador. No esperando recibir lo que nos merecemos por ciertas situaciones, sino respetando las jerarquías y conociendo que nosotros le pertenecemos a Él. Nos compró para darnos la oportunidad de vivir con él.

Así que la próxima vez que adores a Dios recuerda que lo que hagas no es lo importante. Eso no abrirá ventanas. No lo debes hacer por los beneficios. Simplemente deja que él ocupe tu vida y haga algo extraordinario. Depende de él, no sólo en lo material. Mira con tus ojos espirituales y depende de las cosas que realmente valen la pena.

Al final del Salmos donde la oveja se da cuenta que en su recorrido Dios le dado descanso, refugio, protección, él hace una declaración sorprendente. Una declaración que debemos escribir en nuestro corazón, jamás soltarla, determinarla y tomarla en cada situación límite que vivamos:
Estoy completamente seguro.
No hay duda en estas palabras. Como un hijo cuando camina de la mano de su padre.
No hay exigencias en esta frase. Como un matrimonio ante las crisis.
No hay soberbia en estas 3 palabras. Como un siervo ante su amo.
Seguridad que Dios tiene un plan perfecto que no puede parecer exitoso a los ojos humanos. Donde no hay propiedades, riquezas, premios o títulos; pero hay paz y esperanza.

Seguridad que las tormentas llegarán pero que Dios tiene control de todo. Aunque no haya sentido, aunque se pierda todo. Depositar nuestra vida en las manos de Dios.

Seguridad que el gozo no se esfumará. Que tenemos vida eterna. Que viviremos con Él por la eternidad. Esa es la dependencia. No sé en qué momento de la vida, David escribió este salmo, pero estoy seguro que no importando que fuera pastor de ovejas, guerrero, tocador de arpas, fugitivo o rey, su dependencia no menguo. Siendo real cada palabra que escribió. David siempre se consideró una oveja que cada situación vivida Jehová se la permitió.

“El rey David fue a la carpa donde estaba el cofre del pacto, se sentó delante de Dios, y le dijo: «Mi Dios, ¿cómo puedes darme todo esto si mi familia y yo valemos tan poco? ¿Y cómo es posible que prometas darme aún más, y que siempre bendecirás a mis descendientes? Me tratas como si fuera yo alguien muy importante.” 1ª Crónicas 17:16-17


No me extraña que David se ganara el corazón de Dios. Su humildad. Su servicio. Su conexión lo llevó a disfrutar de la Presencia de Dios. Dependamos de Dios y nuestra vida será cada vez parecida a lo planeado. Que mueran nuestros sueños y que viva su llamado. Entreguemos nuestras coronas, afirmemos nuestros pasos y reconozcamos que sólo somos ovejas que necesitamos ser guiadas, protegidas y moldeadas a su imagen y semejanza. Cuando Dios toma su posición de conductor de nuestra vida, este salmo 23 se hará una realidad en nuestra vida.

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