Fuiste creado con grandiosas capacidades, talentos y fortalezas. Formado en el vientre de una mujer por el mismo Creador del Cielo y la Tierra. No solo mencionó o aprobó tu creación, se tomó el tiempo de colocar cada órgano, tejido y célula de tu cuerpo en su lugar.
“Dios mío, tú fuiste quien me formó en el vientre de mi madre. Tú fuiste quien formó cada parte de mi cuerpo.” Salmos 139:13 TLA.
Jamás te desestimes, por lo que no tienes. No te desaliente por tu presente y por las dudas de tu futuro. Él tiene buenos pensamientos para ti (Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Jeremías 29:11). Ninguna de sus promesas quedará sin cumplirse (No ha dejado de cumplir ni una sola de las promesas que nos dio por medio de Moisés. 1 Reyes 8:56). Jamás te abandonará y te dejará a la deriva (Hebreos 13:5). Siempre tendrá tiempo para ti (Y tengan por seguro esto: que estoy con ustedes siempre, hasta el fin de los tiempos. Mateo 28:20). No importa lo malo que hayas sido, lo lejos que te encuentres de Su Presencia o lo que otros pienses de ti, Su Amor será el mismo, en tus mejores momentos, como en aquellos que sientes vergüenza de presentarte ante Él.
Escribió en su Libro las cosas que harías y dejarías de hacer. Te conoce. Sabe lo que te encanta hacer y lo que debes de dejar de hacer, para convertirte en tu mejor versión. Él quiere hacerte cada día más fuerte y más sensible a sus proyectos.
Eres especial.
Tu lugar en este momento de la historia, tu situación actual confirma que Dios ha estado, está y estará presente en todos los ámbitos de tu vida.
¿Sufriste mucho por la partida de un ser querido? El ha recogido tus lágrimas en una vasija para entenderte y convertir tu tristeza en alegría. Dios te ha acompañado en esos lugares tenebrosos del rechazo, la culpabilidad y el dolor. Esos lugares donde la soledad es la única compañera y el fracaso parece que es lo más recurrente en la vida. Esas interminables noches de insomnio y nostalgia que evitan que alcances a tocar el trono de Dios.
Dios ha caminado contigo.
Entiende tu dolor y no solo lo entiende, te ayuda a sanarlo. Te consuela, te abraza y te da nuevas oportunidades.
Eres especial.
No temas al futuro. No le des alas a la ansiedad. No dejes que el miedo y la inseguridad te quiten la fuerza de caminar hacia los brazos del Maestro. Entra a su taller. Allí los temerosos se convierten en valientes. Los desanimados, encuentran aliento y entusiasmo. Los cargados se llenan de fuerza y vuelan como las águilas, remontando el vuelo y jamás yendo hacia atrás. Los que se sienten sin ideas salen llenos de sabiduría y con grandes dotes creativas. Él no solo cree en ti, Dios ha apostado todo por tu vida.
Nos dio la oportunidad de vivir para siempre con Él, dando la vida de su Hijo por nosotros. Lo demás es la cereza del pastel.
Lo especial que somos reside en el amor de Dios. ¿Y el pecado? No tengas dudas que Él lo detesta y odia que caigamos una y otra vez en sus garras, pero, a pesar de que Dios es extremadamente santo, entiende que somos polvo y que estamos en una lucha diaria por ser mejores. No dejes de luchar y batallar con esos malos hábitos y situaciones que no nos dejan visitar su Presencia. Aférrate a su Gracia, pero no la tomes como Licencia para Pecar, sino como el manto que te permite gozar de Su Amor.
Eres especial.
No vayas a la deriva buscando el placer o satisfacer tus deseos. Cumple sus anhelos. Encárgate de sus asuntos y Él tomará los tuyos como propios. Camina siempre hacia Él y jamás quedarás avergonzado. Disfruta su dulce Presencia y recuerda que su especialidad es lo imposible. Él calla de amor por ti. Él entregó lo mejor. Vive siempre recordando que Su Gracia es suficiente.
Deja la comodidad de la orilla y emprende. Navega en aguas desconocidas, porque allí encontrarás cosas que nadie ha logrado jamás. Dios ama a los que lo dejan todo y lo siguen.
Te ama y siempre querrá lo mejor para ti. No lo olvides. Recuerda quién eres y a quién representas en este mundo.

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