Dios jamás te mentirá.
Jamás dejará una obra a medias en tu vida.
Jamás fallará a una promesa.
Sus promesas son eternas.
Son reales. Son poderosas.
Sus promesas tiene tiempo para cumplirse, pero nunca caducan. Sólo debes esperar.
Su justicia es recta y firme, por lo que, tiene un propósito claro para nuestra vida: Es regalarnos salvación y vida eterna, para que vivamos con Él por la eternidad. Lo demás, es añadidura. El éxito, los reconocimientos, deben quedar en segundo plano.
No te preocupes por las cosas que no tienes. Ocúpate por lo que prometiste se cumpla.
Dios siempre te dará lo mejor.
Él nunca dejará de amarte.
No te mostrará atajos, ni te engañará, ni hará tropezar tu pie para que caigas.
Siempre te guiará a casa y curará tus heridas sufridas en el camino y estará pendiente de ti. Él cumplirá sus promesas. Todas y cada una. Las 3,573 que aparecen en su palabra.
Así que, cuando tu fe desfallezca corre a la fuente de esperanza. Su Palabra. En ella encontrarás palabras de fuerza, poder y amor. Te enseñará lo correcto. Te instruirá en tomar las mejores decisiones. Corregirá tus pasos y te dará el consuelo y la esperanza necesaria para caminar y entregarlo todo por él
Nunca olvides que el Señor no olvida sus promesas. Aunque parezca que tarde o no tenga interés en cumplirla.
Mientras esperamos el cumplimiento de sus promesas, Él forma nuestro carácter, fortalece nuestra fe y prepara nuestro corazón para recibir aquello que ha prometido.
Porque no se trata solamente de llegar a la bendición, sino de convertirnos en la persona correcta para administrarla con humildad y sabiduría. Dios nunca pierde el control. Él terminará la obra que comenzó en ti.
Porque cuando Dios promete algo, el cielo entero respalda Su palabra.
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