10 Cosas de las Que Debemos Despedirnos: La Amargura (No. 3)



 Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura, y yo estaba destrozado por dentro. Fui tan necio e ignorante, debo haberte parecido un animal sin entendimiento.” Salmos 73:21 NTV



Leyendo sobre la amargura, se encontraron en todos los textos palabras en común. Veneno. Heridas abiertas. Destrucción. Venganza. Enfermedad. Invasión. Una terrible descripción de este flagelo que está destruyendo muchas vidas de manera silenciosa como una bomba de tiempo que demuestra algunos síntomas pequeños que cada vez van aumentando hasta que estallan, con una tarea básica: Contaminar a los demás.

 

La amargura es una combinación mortal de tristeza, resentimiento e ira, lo que provoca un estado permanente de angustia, depresión y deseos de venganza. La tristeza por haber sido ofendido por alguien, tal vez con palabras o abuso emocional, físico o incluso sexual. Esa tristeza no tratada se convierte en resentimiento, que es ese sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufridos y que se manifiesta en palabras o actos hostiles. Empieza a salir el verdadero yo. La tristeza esconde lo que siente, el resentimiento actúa. El resentimiento se defiende. Ataca. Trata de sanar, pero provoca más heridas.



Al final llega la ira, ese enorme dragón que provoca dolor en otros y se satisface. Temporalmente. La venganza nunca es suficiente. Nunca han pagado lo necesario. Siempre necesita más. Jamás se cansa de exigir sufrimiento para el ofensor y se lleva de encuentro a todos los que se cruzan por su camino. Hasta Dios se lleva su parte. Como la historia de Jonás.



Jonás se amargó por la misericordia de Dios. Creía injusto que Dios perdonará a los de Nínive. Se entristeció, se resintió y se enojó. Hasta la muerte. En el libro de Jonás se escribió: Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida. Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?” Jonás 4:3-4. Jonás tomó el papel preferido de la amargura: ser la víctima.



La amargura sobredimensiona a la víctima, es decir, y parecerá una cacofonía, la víctima le gusta ese papel. Le encanta dar lástima. Mostrar la herida. Publicitar el dolor. La palabra perdón se convierte en una mala expresión que merece ser borrada del diccionario. Mientras más muestra lágrimas, es mejor. Es por ello, que a la amargura se le compara con el veneno. Ingresa al organismo con una misión específica. Esta es enfermar. Lesionar. Interrumpir los procesos vitales naturales para generar una reacción destructiva, para finalizar con la muerte. El problema y lo paradójico que ese sabor amargo, luego que se ha instalado y enfermado el corazón, empieza a sentirse placentero y la víctima se convierte en victimario.

Es bueno aclarar lo siguiente: la amargura no nace por algo inventado. Es una herida que se alojó en nuestra vida y no se le prestó la atención correcta. Una mala mirada, una conversación airada, una burla, una injusticia manifiesta, malos tratos, pueden ser los causantes de ella. El problema es dejarlos a un lado y no trabajar por ello y entonces se cosechan las consecuencias:

a) Un corazón apesadumbrado que vive disfrutando del dolor.
b) Heridas infectadas de odio, que perjudican al ofensor y terceros sin culpa.
c) La amargura nos convierte de víctimas a victimarios.
d) Creemos que somos jueces y podemos sentenciar a los demás a sufrir para satisfacer nuestra sed de venganza.
e) Nos encadenamos al sufrimiento y al odio. Nuestros sentimientos se ven atrapados, tanto que no se puede amar, no se puede sentir gozo, no hay paz y se destruye la felicidad.
f) Recaen muchos padecimientos físicos que deterioran la calidad de vida.
g) En algunos casos se llega al suicidio.
Está aquí la primera parte del diagnóstico. Lo importante es identificar si estamos atrapados por la amargura. Si sus raíces nos han dañado y se han formado yacimientos nuevos que nos tienen atados a vivir en un estado de ansiedad y tristeza que es imposible salir por nuestras fuerzas. Asaf se dio cuenta de ello y escribió: “Entonces me di cuenta de que mi corazón se llenó de amargura, y yo estaba destrozado por dentro.” Salmos 73:21 NTV. Se dio cuenta del daño propio. El odio tiene una característica básica y es que daña exponencialmente al que lo siente. Noches sin dormir. Conmiseración. No disfrutar los buenos momentos. Eso son algunas situaciones que nos toca enfrentar y que debemos sanar.

¿Qué se puede hacer para sanar nuestra vida de la amargura?

  1. Perdonar. El perdón es el ungüento divino que permite sanar las heridas del alma. Nos permite vestirnos de gracia y evitar que nuestro corazón siga sangrando. Es un hasta aquí. No es olvidar la ofensa, pero es recordar sin dolor. Es ver al ofensor y darle una nueva oportunidad, es el camino a la reconciliación. Esto permitirá desencadenar una nueva vitalidad a nuestra vida para continuar con nuevos bríos.
  2. Pedir perdón. Aunque se parecen, no son lo mismo. Es identificar a quienes se le hizo daño y con humildad demostrar el deseo de ayudarle a sanar las heridas a los demás.
  3. Demostrar un verdadero cambio de actitud. Si la amargura nos convirtió en personas enojadas, frustradas y en depresión, debemos dar el primer paso para salir de ello. Sonreír, saludar, visitar, orar y bendecir a otros serán muestras que el cambio ha llegado a nuestro corazón.
  4. Seguir la guía del Precioso Espíritu Santo. Donde Él habita no puede haber dolor. Él se encarga de sanar las heridas. (Él sana a los de corazón quebrantado y les venda las heridas. Salmos 147:3) Él es el consolador capaz de ayudarnos en los momentos de flaqueza, si un recuerdo del dolor viene, el Espíritu Santo será capaz de guiarnos a lo correcto. (Me refiero al Espíritu Santo, quien guía a toda la verdad. El mundo no puede recibirlo porque no lo busca ni lo reconoce; pero ustedes sí lo conocen, porque ahora él vive con ustedes y después estará en ustedes. Juan 14:17)
  5. Deja el rencor a un lado. Ama. Perdona y sana.
  6. Ayuda a otros que están viviendo los mismos conflictos espirituales. (Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esa manera la ley de Cristo. Gálatas 6:2)
  7. Ora. (Orad sin cesar. 1ª Tesalonicenses 5:17) esto te ayudará a tener templanza para enfrentar la vida. Paciencia, para entender a las otras personas y amor, para sonreír en medio de las dificultades y perdonar siempre.
Como conclusión, la amargura es un malestar generado por la falta de perdón, por creer que no merecemos lo que nos ha pasado, que tiene consecuencias devastadoras para nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu y que la única forma de sobrellevarlo será perdonando y dejando que Dios tome el control. Solo así el amor, la paciencia y el dominio propio nos llevarán a una vida triunfante en Cristo Jesús.


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3 Comentarios

  1. Es verdad, todo lo que se dice aquí es verdad, todos los síntomas aquí descrito, es verdad. Yo lo vengo sintiendo desde hace mucho tiempo y ya no deseo vivir más. en lo que no estoi de acuerdo es en el punto en que dice "Deja el rencor a un lado. Ama. perdona y ama". No es así, con nuestras propias fuerzas no podemos, y cuando dicen esto, lo encuentro irónico y me da mucha rabia, ya que hay que sentir este sentimiento horrible para entender que la ayuda debe venir de Dios....Pero Dios se mantiene silente, al punto de la desesperación.
    Dios no me atiende. estoy empezando a pensar que me abandonó.
    Ya no quiero vivir, morir es mejor que vivir así.
    "Un pobre hijo de Dios"

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    Respuestas
    1. +Jorge Aguilera Dios nunca te ha dejado solo. No dejes que el tamaño de tu problema te deje ver la grandeza de Dios. No te canses de confiar. Ten fe. Como el salmista, en el salmos 42:
      42 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
      Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
      2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
      ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
      3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,
      Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
      4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;
      De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,
      Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.
      5 ¿Por qué te abates, oh alma mía,
      Y te turbas dentro de mí?
      Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
      Salvación mía y Dios mío.
      6 Dios mío, mi alma está abatida en mí;
      Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
      Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
      7 Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;
      Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
      8 Pero de día mandará Jehová su misericordia,
      Y de noche su cántico estará conmigo,
      Y mi oración al Dios de mi vida.
      9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí?
      ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
      10 Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan,
      Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
      11 ¿Por qué te abates, oh alma mía,
      Y por qué te turbas dentro de mí?
      Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
      Salvación mía y Dios mío.
      Leelo y toma tu decisión. Creo que quién escribió esto, pasaba lo mismo que sientes.

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  2. Años que vengo pidiendo ayuda y no he tenido respuesta...¿?

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