10 temores a los que se Enfrenta un Líder en el Siglo XXI (2a. Parte)

El líder y sus miedos. Esa emoción particular que nos ata, aprisiona e inmoviliza. Nos frena. Nos hace abortar nobles sueños y ser mejor. Un líder debe trabajar para vencerlos. Algunos de los miedos que enfrenta el líder en esta segunda parte se colocan de la siguiente forma: 

 • Dormirse en sus Laureles: 
El líder que piensa que lo ha logrado todo está condenado a que su visión desaparezca. Esto se debe a que un líder debe mantenerse enfocado en su presente y con su visión siempre a la vista. El pasado exitoso no debe servir como embriagante, sino como un archivo de buenas prácticas que deben ayudar a los éxitos futuros. La complacencia no debe ser parte de la conducta del líder. Disfrutar una victoria está muy bien, vivir de ella es lo que nos alejará de aquello para lo cual fuimos creados. 

Creer que el fracaso es lo peor: 
Un líder que no aprende del fracaso está condenado a vivir en la prisión del desánimo. Fracasar no hace a una persona fracasado. Tampoco significa que tiene una mentalidad mediocre. Solo debe ser consciente que en algún momento un error lo alejará de su objetivo, pero que no lo detendrá en su afán por darle continuidad a su misión porque trabajara con obstinación por alcanzar dichas metas. La idea principal es lograr que ese fracaso contribuya al crecimiento del líder y del equipo. Un líder no puede quedarse atrapado en los fracasos. Debe tomar las lecciones aprendidas y tenerlas en mente para evitar caer de nuevo en ellas. 

Tener celos de las victorias de otros equipos: 
En el camino hacia su destino, el líder se encontrará con equipos que están logrando victorias, algunas aplastantes, muy rápidas y con menores recursos que aquellos que están utilizando para llegar a la meta. Es muy fácil caer en los celos y dejarse dominar por ellos. El líder debe entender que hay otros equipos capaces fuertes y que tendrán logros, quizás mejores y de mayor impacto, pero esto no debe ser un obstáculo para perder de vista su visión. La visión y el bienestar de su equipo debe mantenerlo firme y no dejarse llevar por los celos. En algún momento, ambos equipos pueden unir fuerzas y ser de impacto. Los celos tratarán de conducirlo por un atajo pero hay algo claro en el camino del liderazgo: No hay ATAJOS. No hay fórmulas mágicas, no se puede copiar lo bueno de otros y adaptarlo para alcanzar sus metas. Cada quién tiene su camino y esto debe conducir al líder a alcanzar sus metas de manera responsable. 

Perder la fe:  
Cuando el líder pierde la fe está condenado a aplazar su visión. La fe alimenta la visión, provee el enfoque necesario y le permite resistir y mantenerse firme a pesar de los obstáculos y los problemas que salen a su paso. De tal forma que el líder debe tener presente que la fe lo ayudará a colocarse metas desafiantes, que brinden determinación, que lo mantendrá apasionado, que será el combustible que lo conducirá hasta el final y la claridad para dar pasos vigorosos y confiados que todo será mejor que antes.

Perder la capacidad de asombrarse: 
La capacidad de asombrarse es la que hace que el líder se mantenga concentrado, atento y con hambre de más. Esa hambre despertará una insatisfacción sana por dar un paso más, por levantarse la siguiente mañana con ganas de triunfar, por levantarse luego de una caída. Esto será el aliciente para buscar la mejora. Muchas veces el acostumbramiento no nos permite asombrarnos; sin embargo, esa capacidad de asombro permitirá que el líder sea agradecido, que felicite a su equipo, que este feliz con cada nuevo reto que se ponga enfrente. Esa capacidad mantendrá al líder con los pies en la tierra, con ganas de aprender, motivado y deseoso de retomar cada día sus planes que lo lleven a conseguir la visión. 

El líder debe enfrentar sus temores. Desafiarlos. Tener la mentalidad que cada día será una batalla cruenta donde se nos pedirá lo mejor. Donde cada momento será clave, cada decisión tendrá una consecuencia y cada victoria nos llenará de satisfacción. Vencer al desánimo, a través de una fe atrevida. Mantener la capacidad de asombrarnos para disfrutar el camino hacia donde deseamos ir. El líder debe entender que no es malo tener miedo. El problema es que el miedo nos venza la batalla. Que los celos minen el corazón. Quedarse atado al fracaso. No continuar. Creerse una estrella. Esto no debe contaminar el corazón del líder y nos llevará a seguir hacia delante con deseos y disposición que lo mejor siempre está por venir.

Publicar un comentario

0 Comentarios