Susurro del Cielo: Avanza

Mar al frente. Enemigo atrás. Sin capacidad para montar una estrategia para derrotar a sus perseguidores, ya que la nación solo tiene un par de días de independencia y hasta hace un tiempo estaban edificando ciudades como esclavos, así que no tienen una estructura clara para formar escuadrones y pelear una batalla. Tres millones de exesclavos. Tres millones de razones para estar preocupados y lo estaban. Desesperación. Ansiedad. Incredulidad. Sin embargo, Moisés es el líder de estos peregrinos que van rumbo al lugar que Dios le prometió. 

Moisés está tranquilo. Él había visto milagros enormes. Creo que, en la historia de la humanidad, solo la resurrección de nuestro Señor Jesucristo está mejor posicionado en el Top Ten de los milagros hechos por Dios para el hombre que los hechos en la tierra de Egipto. Por esto Moisés confiaba. Sabía que podía volver a realizar un milagro. Sapos. Oscuridad. Piojos. Langostas. Todo ello tenía algunos días de haber ocurrido. ¿Falta algo más?, ¿Fuego del cielo?, ¿Por qué no?, ¿Lluvia de rocas?, ¿Tierra tragando a los egipcios? Ese es el Dios que habían disfrutado Moisés. Así que clama a Dios y dice estas maravillosas palabras que hasta el día de hoy resuenan en sermones poderosos, que llena de energías y confianza. Cuando la fe decae o el gigante nos enfrenta y nos humilla, esta declaración nos devuelve la esperanza y nos hace un llamado a ser espectadores del poder de Dios: 

“El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos.” Éxodo 14:14 NTV 

Esto es lo que dice Moisés al pueblo: “Dios ha hecho grandes milagros. Nos ha sacado de la esclavitud. No nos preocupemos. Ocupen un lugar cómodo a ver el espectáculo y disfrutemos lo que Dios hará por nosotros.” Sin embargo, Dios tenía otros planes. En lugar de ejecutar otro prodigio más (que lo haría) que dejara maravillado a los historiadores y lectores de la Biblia, Él les pide que dejen de esperar que suceda algo y que caminen. ¡Dile al pueblo que marche! les pide Dios. Esta es la lección: Muchas veces tocará esperar que Dios nos diga qué hacer. Otras veces hablará y dará una instrucción precisa y clara, sobre cuál es el mejor momento para continuar; pero como nuestra historia, muchas veces lo que Dios desea es que se recuerde la promesa, la arrebatemos y no esperamos confirmaciones. ¡Avanza!, ¡Sigue!, ¡Lucha!, ¡esfuérzate! Nos dice. Si Él nos sacó de la esclavitud no es para morir en el desierto o regresar al estatus anterior. 

No quiero que se malentienda estas palabras. No hablo de autosuficiencia o confianza en tus capacidades. Hablo de saber hablar con Dios, escuchar a Dios y obedecerle. Muchas veces nuestra oración no tendrá la respuesta que deseamos. Otras ocasiones, no tendrá respuestas y esto no quiere decir que no. Solo reafirma que Dios ya habló y cumplirá su palabra; por lo que, si nos dio una meta, un sueño, un llamado o propósito no necesitamos esperar. Debemos avanzar. Nos insta a que no veamos el mar enfrente, ni al enemigo en la retaguardia, sino que lo veamos a Él. Dios hará. Lo que tenemos que hacer es estar consciente que Dios lo mandó. Si no fue Él, entonces debemos seguir orando. Si no ¿Para qué seguir orando?

Así que, aunque parezcan preciosa las palabras de Moisés sobre esperar y clamar, Dios nos mandará a avanzar y así veremos otra vez su poder. Él abrirá el mar. Él avergonzará a nuestro enemigo. No dejará que quedes en la esclavitud. Si Él te liberó te llevará a caminar por el desierto y a conquistar la Tierra Prometida. 

No dejes de orar para mantener una relación íntima con Dios. Esto te ayudará; pero, si Dios te mandó a hacer algo, no ores para que te confirme lo que tienes que hacer. No te quedes esperando que Dios haga lo que es tu obligación realizar. No seas un espectador. Él exige que seas protagonista del milagro. Eso es lo que Dios hará para mostrar su poder. Aviva tu fe y camina para que cumpla su propósito y termine la buena obra en ti.

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