
“Simeón tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo muera en paz,
como lo prometiste. He visto con mis propios ojos cómo nos vas a salvar. Todas las naciones podrán ver ahora cuál es tu plan. Él será una luz que alumbrará a todas las naciones, y traerá honor a tu pueblo Israel. Los padres de Jesús se asombraron por lo que Simeón decía sobre él.” Mateo 2:28-33
2. ¿No tienes un árbol genealógico de que sentirte orgulloso?, ¿te quejas de tu seno familiar? No hay nadie destacado o alguien que te haga sentir importante, observa esta lista: Una pariente un engañador (Jacob), otro que tuvo un hijo con su nuera (Judá), una abuela que se dedicaba a la prostitución (Rahab), otro que le gustaba el ocultismo (Manasés), un adúltero (David), otro mujeriego (Salomón), otros cuántos que desviaron su corazón a lo malo (La lista es muy larga). ¿Cómo podrías sentirte? un poco mal, ¿no? Pero, de todos ellos, nació alguien que cambio la historia familiar: Cristo Jesús. La vida de nuestro Señor nos deja grandes lecciones. La primera de ellas es la siguiente: No podemos elegir a nuestros antepasados, pero si podemos dejar un buen nombre a las generaciones posteriores.
“y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.” Sn. Mateo 1:16
3. Los regalos de los magos definían claramente la razón por la que Jesús se hizo hombre. Oro en representación a su reinado, incienso porque venía el Rey de reyes y la Mirra porque entregaría su vida como sacrificio por la salvación de la humanidad. Sin embrago, también, refleja lo que debemos entregar cada día de nuestra vida como regalo por su infinita misericordia. El oro como nuestros talentos y habilidades, el incienso, nuestra adoración plena y sin ataduras y la mirra como señal de nuestro compromiso de serle fiel para siempre.
“Entraron en la casa y vieron al niño con María, su mamá; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y sacaron unos regalos para él: oro, incienso y mirra.” Sn. Mateo 2:11
4. ¿Tienes necesidades económicas? Cristo nació en un establo, en medio del heno y rodeado de animales domésticos.
¿Tienes la desdicha de perder a tu padre o tu madre? Desde los 12 años, no hay más registros de José, el padre terrenal de Jesús.
¿Tienes gente que te ha dado la espalda? Los propios hermanos de Jesús, durante su vida ministerial, no creían en Él.
La historia de Jesús nos enseña que no debemos tener todo lo necesario para subsistir para lograr alcanzar el propósito de nuestra vida. Muchas veces perderemos a quiénes nos ama y nos han criado, pero esto no nos impedirá cambiar la historia y mucho menos, no necesitamos demasiados apoyos para cumplir con el llamado del Padre. No importa lo que tengas, lo que pierdas o quién no te apoye, sino hacia dónde alces tu mirada. Lo mejor siempre viene del Cielo.
“ Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” Juan 1:14

“pero el ángel les dijo: «No tengan miedo. Les traigo una buena noticia que los dejará muy contentos: ¡Su Salvador acaba de nacer en Belén! ¡Es el Mesías, el Señor! Lo reconocerán porque está durmiendo en un pesebre, envuelto en pañales.” Sn. Lucas 2:11-12
6. Ante Jesús no puedes ser indiferente. Unos pastores sin estudios se arrodillaron a adorarlo sin saber más de la profecía que lo visto en la maravillosa noche fría de Belén. Unos sabios a kilómetros vieron una estrella y prepararon sus mejores dones para atender el llamado que Dios les hacía desde el Cielo. Ana proclamó con gozo que su Rey había nacido. Simeón disfrutó de la promesa cumplida de poder contemplar a su Redentor. La indiferencia queda sepultada ante la humildad de su grandeza. La soberbia es pisoteada ante la sencillez de sus obras. Solo un corazón obstinado prefiere voltear la mirada hacia otro lado y no maravillarse ante la Soberanía de Su Rey.
“Después los pastores regresaron alabando a Dios por su grandeza, por todo lo que habían visto y oído. Todo había sucedido como se les había dicho.” Sn. Lucas 2:20
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