
12 declaraciones simples, sencillas pero radicales. Escritas no desde el sitio de haberlas alcanzado, sino del firme propósito de tratar de seguirlas al pie de la letra. Son directrices y consejos que harán encontrar la plenitud y sobre todo alegrar a Dios. Si alguna sirve, hay que utilizarla y aprovecharla. Que la vida sea un proceso constante de buscar la integridad, la sabiduría y el fuerte compromiso de ser diferente.
- Decidiré vivir con un corazón íntegro, aunque nadie me observe. Como Daniel, permaneceré firme ante la presión, rechazando todo compromiso con el mal. No negociaré mis convicciones por conveniencia ni por temor. Honraré a Dios en lo secreto y en lo público, sosteniendo la verdad, aunque me cueste reputación, comodidad o reconocimiento.
- Rechazaré la tentación de llenar mi apetito y mis deseos. No permitiré que mi soberbia gobierne mi carácter. Defenderé la pureza de mis pensamientos y acciones, porque entiendo que otros pueden, pero yo no. Preferiré perder oportunidades antes que perder mi integridad. Entenderé que el favor de Dios vale más que cualquier ventaja momentánea o aplauso pasajero.
- Seré justo incluso cuando la injusticia parezca triunfar. Entiendo que mi fidelidad en la prueba es la máxima expresión de amor a Dios y no permitiré que el dolor me haga traicionar mis principios. Mi fe será más fuerte que mis circunstancias. Declararé mi confianza en Dios cuando todo parezca oscuro y sin explicación.
- Actuaré con valentía defendiendo lo correcto, aunque implique riesgo personal. Trataré de no esconderme detrás de la comodidad, ni mucho menos de la indiferencia. Entenderé que fui puesto en este tiempo para marcar diferencia. Mi voz será instrumento de verdad, justicia y honra al nombre del Señor.
- Cultivaré una conciencia sensible, dispuesta a corregirse. Preferiré la restauración antes que el orgullo. Haré de la adoración y la obediencia el fundamento permanente de mi carácter. Sin dudas, Me arrepentiré con humildad cuando falle y no justificaré mis errores, aunque parezca necesario. Aunque me falten fuerzas y la culpa, así como la vergüenza, me quieran someter, tendré un corazón sincero y confesaré mis faltas con arrepentimiento genuino y auténtico.
- Perseveraré en la misión que Dios me confíe, aun frente a oposición, críticas o abandono. No permitiré que el cansancio apague mi llamado. Gastaré aun lo propio, con tal de hacer sonreír a Dios. Recordaré que la recompensa eterna supera cualquier sacrificio temporal. Serviré con excelencia, convicción y pasión por la verdad del Evangelio.
- No usaré palabras para manipular, exagerar o dañar. Mi lengua será instrumento de vida y coherencia. Entenderé que la integridad comienza en lo que digo y se confirma en lo que hago diariamente. La verdad, aunque me cueste, será importante para vivir.
- Administraré mis responsabilidades con rectitud, consciente de que todo lo que hago es delante de Dios. No tomaré atajos indebidos y honraré cada compromiso, cada acuerdo y cada tarea como un acto de adoración, demostrando que la integridad se construye en lo cotidiano, en lo sencillo y sobre todo en lo necesario.
- Amaré la justicia más que la aprobación humana. No cambiaré mis valores para agradar y trataré de permanecer firme cuando otros cedan. Recordaré que el verdadero éxito no se mide por popularidad sino por fidelidad. Mi incentivo para vivir será escuchar el día que me enfrente al Señor: “Bien hecho, siervo fiel”.
- Disciplinaré mi mente y mis decisiones. No permitiré que emociones momentáneas gobiernen mi conducta. Evaluaré cada paso a la luz de la Palabra de Dios. Entenderé que la integridad es una elección diaria, sostenida por convicción profunda y dependencia constante del Espíritu Santo.
- Responderé al mal con bien y no permitiré que la ofensa me convierta en aquello que rechazo. Perdonaré con madurez y actuaré con justicia sin odio. Protegeré mi corazón de la amargura. Evitaré traicionar la confianza de la gente que está a mi alrededor y buscaré no desilusionar a Cristo con mis actuaciones y palabras.
- Construiré una vida coherente entre lo que creo, digo y practico. Lucharé por evitar que el doble discurso o la doble moral ejerza control de mis actos. Buscaré transparencia en mis relaciones y responsabilidad en mis decisiones. Haré de la integridad mi estandarte permanente, para que mi vida refleje fielmente el carácter de Dios.
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